Pero debajo del vestido de gala de Elena encontró un parche medicado.
El fármaco pertenecía a una familia de medicamentos que años atrás casi había provocado la muerte de Elena.
Jason lo sabía perfectamente.
Los médicos consiguieron estabilizarla y la trasladaron a cuidados intensivos.
Cuando Jason llegó al hospital, su primera pregunta no fue:
— ¿Va a sobrevivir?
Preguntó:
— ¿Dijo algo?
Aaron vio el breve alivio que apareció en su rostro cuando respondió que no.
Más tarde lo escuchó hablando por teléfono.
— Si despierta y recuerda lo de esta noche, lo perderé todo.
Las sospechas empeoraron cuando alguien intentó acceder al historial médico de Elena utilizando las credenciales de un médico retirado.
Entonces Aaron examinó cuidadosamente la etiqueta del parche.
Allí estaban las iniciales de Jason.
Poco después, Elena recuperó el conocimiento.
Repetía una frase:
— Él no debía saber que encontré el segundo teléfono.
Finalmente contó la verdad.
Semanas antes había descubierto un teléfono secreto de Jason. En él encontró conversaciones con el director financiero de su cadena de farmacias.
Jason llevaba años desviando dinero mediante proveedores ficticios y documentación manipulada. Su nueva promoción le permitiría controlar cantidades todavía mayores.
Elena había copiado los mensajes y pensaba entregárselos a su abogado.
Pero Jason descubrió su plan.
Durante la gala, aprovechó un momento en que Elena se estaba cambiando para colocarle el parche con el medicamento peligroso.
Esperaba que su muerte pareciera una reacción médica inesperada.
Sin embargo, Elena se había adelantado.
Ya había enviado una copia del contenido del teléfono a su abogado.
También apareció el parche que había desaparecido del hospital.
Un empleado de una de las farmacias de Jason lo había robado para destruirlo, sin saber que las cámaras de seguridad habían grabado cada movimiento.
Jason y su cómplice fueron detenidos.
La investigación posterior descubrió millones desviados, documentos falsificados e intentos de destruir pruebas.
Elena logró recuperarse por completo.
Meses después volvió al hospital con dos cafés para Aaron.
— Lo peor —dijo— es que durante años pensé que conocía al hombre con el que estaba casada.
Aaron la miró.
— Yo también creía conocerlo.
Ambos habían perdido a una persona en la que confiaban profundamente.
Pero un segundo teléfono, una pequeña etiqueta y un médico que decidió confiar en sus sospechas impidieron que Jason convirtiera un crimen en una aparente tragedia.