La noche antes de nuestra boda, Oliver olvidó terminar nuestra videollamada. Escuché a su madre preguntarle si ya me había hecho firmar los documentos.
Oliver se rio y explicó que, después de casarnos, conseguiría acceso a mi casa y a mis ahorros para luego abandonarme.
No dije nada.
Al día siguiente, la ceremonia comenzó delante de todos nuestros invitados. Pero justo antes de los votos, una enorme pantalla se encendió detrás del altar.
Su conversación empezó a reproducirse.
Oliver perdió el color. Su madre intentó marcharse, pero mi abogado ya estaba esperando cerca de la puerta.
Me quité el anillo.
— Querías mi dinero. Lo único que tendrás será esta verdad.
La boda terminó allí mismo. Mi casa y mis ahorros siguieron siendo míos, y Oliver salió de mi vida para siempre.