Alekséi llevaba casi doce horas sosteniendo al pequeño recién nacido cuando una enfermera vio bajo su reloj una vieja pulsera de maternidad.
En ella aparecía el nombre de Sofía Petrov.
La madre desaparecida del bebé.
— Es mi hija —admitió Alekséi.
Diecisiete años atrás, había abandonado a Sofía para dedicarse a sus negocios. Ahora parecía que la historia se repetía.
Pero Alekséi tenía una prueba que cambiaba todo: un documento firmado por su socio más cercano demostraba que alguien había seguido a Sofía antes del parto y había organizado su desaparición.
La dirección escrita al final condujo a la policía hasta una casa fuera de la ciudad.
Allí encontraron a Sofía con vida.
Nunca había querido abandonar a su bebé. Había sido amenazada para obligar a Alekséi a entregar parte de su fortuna.
El responsable terminó arrestado.
Cuando Sofía volvió al hospital, Alekséi no intentó justificar su pasado.
— Te fallé una vez. No volveré a hacerlo.
Sofía permaneció en silencio.
Después tomó a su hijo y se lo entregó.
No era todavía perdón.
Pero para Alekséi, aquel pequeño gesto significaba que quizá su familia aún podía empezar de nuevo.