Una noche, notó que Roman Moretti, uno de los hombres más temidos de la ciudad, sufría fuertes espasmos en la mano izquierda.
Pero también descubrió algo peor.
Un desconocido sentado a pocas mesas de distancia estaba contando los segundos de cada espasmo mientras ocultaba un arma debajo de la servilleta.
Cuando Roman vio a Madeline observándolo, cruzó el restaurante y exigió saber por qué.
«Sus espasmos duran unos doce segundos», susurró ella. «Y ese hombre también lo sabe.»
Roman reaccionó inmediatamente.
Atrajo a Madeline hacia él mientras sus hombres reducían al desconocido antes de que pudiera disparar.
El atacante había sido contratado por una familia rival y conocía exactamente cuándo Roman quedaba más vulnerable.
Sin embargo, alguien de su propio círculo debía haber entregado esa información.
Durante los días siguientes, Madeline quedó bajo protección. Gracias a todo lo que había observado aquella noche, recordó haber visto al asesino hablando semanas antes con uno de los asesores más cercanos de Roman.
El traidor fue descubierto.
Había vendido información sobre la salud de Roman a sus enemigos y planeaba ocupar su lugar después de su muerte.
Cuando todo terminó, Roman regresó al restaurante.
Madeline esperaba otra conversación sobre seguridad.
En cambio, él se detuvo frente a ella y preguntó:
«¿Cenas conmigo cuando termine tu turno?»
Madeline sonrió.
Las personas que antes se habían burlado de ella guardaron silencio.
Porque finalmente comprendieron algo que Roman había descubierto aquella noche:
Madeline nunca había sido invisible.
Simplemente nadie había sido lo bastante inteligente para prestarle atención.