Durante meses habían gastado todo lo que tenían intentando salvarlo.
Vendieron sus ahorros, joyas y terminaron pidiendo un préstamo sobre la casa.
Después de su muerte, Claire volvió al hospital para recoger sus pertenencias.
Dentro de la bolsa encontró un jersey de mujer.
La enfermera explicó que probablemente pertenecía a una desconocida que había visitado a Simon con frecuencia durante sus últimas semanas.
Claire pensó en una amante.
Pero pocos días después aquella misma mujer llamó a su puerta.
— Soy Rebecca Hale.
Le entregó una carta escrita por Simon.
«Claire, Rebecca no es otra mujer. Es mi tía. Y hay una parte de mi vida que nunca supe cómo contarte.»
Simon había crecido como huérfano.
Lo que nunca había explicado era que su madre había roto toda relación con su propia familia antes de morir.
Su abuelo materno, Edward Hale, era un empresario que años después logró encontrar a Simon.
Al morir, Edward dejó a su nieto inversiones, participaciones empresariales y otros activos dentro de un fideicomiso.
Rebecca era la hija de Edward.
Simon nunca quiso utilizar aquel patrimonio.
Asociaba ese dinero con la familia que había perdido.
Sin embargo, cuando enfermó, Rebecca descubrió que alguien llevaba años utilizando parte de esos activos sin permiso.
Ese hombre era David Mercer.
El mejor amigo de Simon.
David había estado en su boda y conocía perfectamente a Claire y a su hija.
También era el hombre que, durante el cáncer, había ayudado a organizar sus préstamos.
Fue él quien les recomendó hipotecar la casa.
Rebecca mostró los documentos.
David había conocido la existencia del fideicomiso años antes, cuando ayudó a Simon con algunos trámites.
Después empezó a presentar autorizaciones falsas que permitían utilizar participaciones del fideicomiso como garantías para negocios propios.
Simon descubrió lo ocurrido apenas tres semanas antes de morir.
Por eso Rebecca empezó a visitarlo en secreto.
Juntos reunieron extractos, firmas y documentos suficientes para impedir que David siguiera moviendo los activos.
Simon escribió:
«No te lo conté porque ya estabas embarazada, agotada y luchando por mantenerme vivo. No quería que mis últimos días te dejaran otra guerra. Rebecca sabe qué hacer.»
Después de la muerte de Simon, abogados independientes revisaron el fideicomiso.
La investigación confirmó operaciones no autorizadas y documentos falsificados.
David perdió el acceso a los activos y tuvo que afrontar las consecuencias legales y financieras de las operaciones realizadas.
Los préstamos vinculados a documentos falsos fueron revisados.
El patrimonio legítimo de Simon quedó protegido para Claire y sus hijos.
Claire utilizó una parte para cancelar la hipoteca y las deudas médicas.
No compró una mansión ni cambió radicalmente su vida.
Quería algo mucho más sencillo:
seguridad para sus hijos.
Meses después nació su segundo bebé, un niño.
Rebecca se convirtió poco a poco en la tía que Simon nunca había podido presentarles.
Claire guardó el jersey que había encontrado en el hospital.
No porque fuera valioso.
Sino porque durante unos días había representado su peor miedo.
Al final terminó recordándole algo completamente distinto.
Simon no había pasado sus últimas semanas ocultando una infidelidad.
Había estado intentando proteger a su esposa y a sus hijos de un hombre en quien todos habían confiado.
Y la desconocida que Claire creyó que podía destruir el recuerdo de su matrimonio terminó siendo la persona que le entregó la última prueba de cuánto Simon había intentado cuidar de su familia incluso cuando sabía que ya no estaría allí.