Durante más de siete décadas, Shirley MacLaine ha sido una de las figuras más singulares de Hollywood. Su talento, su personalidad independiente y su manera poco convencional de afrontar la vida hicieron que nunca fuera simplemente una estrella más de la gran pantalla.
Su carrera comenzó a despegar a mediados de los años cincuenta, cuando apareció en Pero… ¿quién mató a Harry?, dirigida por Alfred Hitchcock. A partir de entonces llegaron películas que terminarían convirtiéndose en clásicos, entre ellas El apartamento, Irma la dulce y La fuerza del cariño.
Sin embargo, detrás de aquella extraordinaria carrera existía una vida familiar mucho más complicada.
En 1954 se casó con el productor Steve Parker. Permanecieron legalmente unidos durante casi tres décadas, hasta su divorcio en 1982, aunque su matrimonio fue siempre poco tradicional. Durante largos periodos vivieron separados.
Su única hija, Sachi Parker, pasó buena parte de su infancia con su padre en Japón, lejos de la vida hollywoodiense de su madre.
Años después, Sachi habló públicamente sobre lo difícil que había sido aquella experiencia. En sus memorias, Lucky Me, describió sentimientos de soledad, las expectativas de su familia y la complicada realidad de tener como madre a una de las actrices más famosas del mundo.
MacLaine nunca intentó convencer al público de que su vida privada había seguido las reglas habituales. Al contrario, habló con sorprendente naturalidad sobre sus romances, su concepto del matrimonio y las decisiones personales que tomó a lo largo de los años.
También explicó que algunas estrellas con las que trabajó y con quienes se la relacionó, como Jack Lemmon y Jack Nicholson, fueron principalmente amigos y compañeros de profesión.
Esa franqueza terminó convirtiéndose en otra de las características que la hicieron diferente.
Con el paso del tiempo, Shirley se fue alejando del ritmo constante de Hollywood y empezó a valorar una existencia más tranquila, rodeada de naturaleza, animales y un grupo reducido de personas cercanas.
Sachi, por su parte, formó su propia familia y se convirtió en madre. Con una nueva perspectiva, ha hablado de su deseo de no repetir algunas de las experiencias emocionales que marcaron su infancia.
La relación entre madre e hija nunca ha sido una historia sencilla. Ha pasado por distancias, desacuerdos, recuerdos dolorosos y esfuerzos por comprenderse mutuamente.
Quizá precisamente por eso la vida de Shirley MacLaine continúa despertando tanta curiosidad. Detrás de las películas, los premios y el glamour aparece una mujer que alcanzó un éxito extraordinario sin renunciar a vivir de acuerdo con sus propias convicciones.