Durante el duodécimo cumpleaños de Maksym y Dmytro, los dos niños y su madre, Olena, se desplomaron casi al mismo tiempo.
Natalia, la abuela, insistió extrañamente en organizar el funeral de inmediato y colocar a los tres en un único ataúd.
Pero justo antes de enterrarlo, Andriy escuchó unos débiles golpes desde el interior.
Ordenó abrirlo.
Olena y los gemelos seguían vivos.
Los médicos descubrieron que una sustancia añadida a sus bebidas había reducido sus signos vitales hasta hacerlos parecer muertos.
Una cámara de la cocina mostró después a Natalia manipulando los vasos.
Olena había descubierto que su madre llevaba años desviando dinero de la familia y planeaba denunciarla.
Natalia intentó silenciarla antes de que pudiera hablar.
Fue detenida esa misma noche.
Olena y los niños se recuperaron por completo.
Y Andriy nunca olvidó aquellos golpes provenientes del ataúd que, segundos antes de ser enterrado, salvaron tres vidas.