Después de cuatro hijas, Aaron por fin sostenía en brazos al hijo que había esperado durante años.
Pero pocos segundos después de verlo, su sonrisa desapareció.
Observó atentamente al bebé y susurró:
— Es idéntico a mi hermano.
Sentí un nudo en el estómago. El hermano de Aaron, fallecido tres años antes, tenía una pequeña marca de nacimiento detrás de la oreja.
Nuestro hijo tenía exactamente la misma.
Aaron me miró con una expresión que entendí enseguida.
Dos días después, su madre llegó al hospital y reveló un antiguo secreto familiar: aquella marca había aparecido durante generaciones en varios hombres de la familia.
Aaron se quedó sin palabras.
Después me tomó de la mano.
— Esperé tanto a este niño que casi destruyo nuestra familia por una sospecha absurda.
Lo miré fijamente.
— Entonces no olvides nunca que tus cuatro hijas son tan importantes como él.
Aaron bajó la cabeza y, por primera vez, entendió lo que yo había intentado decirle durante años.