Vincent Moretti había gastado más de tres millones de dólares intentando descubrir por qué sus gemelos de siete años, Lucas y Leo, estaban cada día más débiles.
Cuando Claire Morgan llegó como nueva niñera, percibió un extraño olor químico cerca de la ventilación de las habitaciones.
La reacción aterrorizada de la señora Harper y la insistencia del doctor Harrison Blake en despedir a Claire hicieron que Vincent comenzara a sospechar.
Ordenó revisar todo el sistema.
Dentro de uno de los conductos encontraron un pequeño dispositivo que liberaba lentamente una sustancia tóxica.
Las cámaras de seguridad mostraron algo todavía peor: Blake había entrado varias veces en la sala técnica durante los meses anteriores.
El médico finalmente confesó. Había provocado los síntomas para mantener a Vincent pagando tratamientos privados cada vez más caros.
Blake fue detenido.
Los gemelos fueron trasladados temporalmente a otra casa y atendidos por médicos independientes. En pocas semanas, recuperaron el apetito, empezaron a ganar peso y volvieron a correr.
Una tarde, Vincent encontró a Claire jugando con ellos en el jardín.
— Todos buscaban una enfermedad rara —dijo—. Usted fue la única que miró la casa.
Claire sonrió.
Y detrás de ellos, Lucas y Leo volvieron a reír como antes.