Marianne había reservado una isla privada en la Costa Azul para salvar su matrimonio con Adrien. Siete días solos, lejos del trabajo, en una villa con chef y servicio completo.

Pero al llegar al muelle encontró a Adrien acompañado de sus padres… y de Élodie, su exnovia.

— Tú cocinarás y limpiarás mientras nosotros disfrutamos de la playa —dijo Adrien—. Para eso también está una esposa.

Su madre añadió:

— Es lo mínimo después de todo lo que mi hijo paga por ti.

En ese instante Marianne comprendió algo: Adrien jamás les había contado que la casa, los coches, los viajes y aquella isla se pagaban con el dinero de su empresa de ciberseguridad.

Marianne no discutió.

Sonrió y subió al hidroavión.

Cuando llegaron a la isla, el personal salió a recibirlos.

— Bienvenida, señora Marianne. Todo está preparado según sus instrucciones.

Después, la administradora miró a Adrien y a los demás.

— Sus estancias han sido canceladas. La única huésped autorizada es la señora Marianne.

Adrien perdió el color.

Marianne sacó un sobre y se lo entregó.

Dentro había documentos preparados por su abogado: separación, cancelación de sus tarjetas vinculadas a sus cuentas y la devolución del coche que ella había comprado.

— Querías disfrutar de mi dinero con tu ex —dijo Marianne—. Ahora podrás descubrir cómo es vivir sin él.

Poco después, Adrien, sus padres y Élodie tuvieron que regresar en el mismo hidroavión.

Marianne se quedó observando el mar desde el muelle.

Había reservado aquella isla para salvar su matrimonio.

Al final, le sirvió para salvarse a sí misma.

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